“Amor aún después de la muerte”

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(Estimado lector, de esta historia se conoce poco, para comprobar la veracidad de la misma, recomiendo visitar el Cementerio Cristóbal Colón, en la Habana Cuba).

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Existió un hombre llamado Pedro, este era extremadamente pudiente, por allá por los años cuarenta en Cuba. La historia cuenta que el vivía enamorado de una mujer, pero esta estaba comprometida.

El matrimonio de ella era totalmente un fracaso, existía mucho maltrato y demás por parte de su cónyuge, más Pedro quien sabía todo lo que ocurría entre puertas, también sufría amargamente.

Se dice que una mañana mientras ella se encontraba de compras él la seguía de lejos, y que después de tales quehaceres ella decidió sentarse a tomar una café, y fue entonces cuando el mesero que la atendía, le hizo llegar a su meza ramo de flores compuesto de azucenas, gladiolos, y girasoles el cual deslumbró a la mujer.

Tras quedar impresionada pregunto al atento camarero, y este señaló a la mesa del caballero, cuenta la gente que ella al verle, lloro…

De esta manera fue el primer encuentro de estas desafortunadas personas, quienes se considerarían después de aquel día, los más afortunados. Se dice que ella después de muchos problemas logró huir del vida del hombre que la agredía, y después de otros muchos trámites en la cual estuvo incluida la iglesia, y un alto representante de misma en Inglaterra, ella se logró divorciar, pues quien ahora fuere se ex, también tenía mucho poder adquisitivo.

Cuenta la gente que Pedro, llevo esta mujer al altar, contrajeron matrimonio con una especial ceremonia, y un gran festín, y que después de ese día, ellos nunca más dejaron de sonreír.

(Y ahora comienza la parte de la historia por la cual decidí escribir este texto, no te aburras, quédate conmigo)

También cuentan, que ellos no tuvieron hijos, pero fueron felices, y su amor fue muy grande, y que al ella morir, con el paso de muchos años, el decidió enterrarla en el cementerio Colon en su país. Pues había decidido que allí reposarían para siempre los restos de su amada. En frente estaba un alto monumento dedicado a una de las más terribles catástrofes de un incendió en cuba por aquel entonces, El monumento a los bomberos.El pidió construir en memoria de ella, un monumento aún más grande, como símbolo de la grandeza del amor, y que pudiera ser visto desde todos los ángulos, pero especialmente desde el balcón de su habitación, que él pagaría por esto.

La petición le fue negada, así que el desalentado decide sembrar dos palmas, y en ellas grababa su nombre en la medida que estas iban creciendo, así que mientras ellas crecían, también lo hacía su deseo de anunciar en lo más alto su amor.

Se dice que cada día el visitaba el lugar, que lloraba, y así lo hizo por largos años, y que un día el dejo de visitar el cementerio, la gente no le vio más, y años más tardes encantaron el cuerpo de un señor sentado, en un sillón que estaba en el balcón de una lujosa, y vieja casa a un km del cementerio, el cadáver fue identificado como Pedro.

Se dice que el amor no tiene fronteras, no tiene límites, que solo amor, y esto es más que suficiente para darlo todo, para no olvidar nunca a ese ser el cual solemos amar…

Estimado lector, no se tienen muchos datos de esta historia, pero es real, la información aquí escrita fue recolectada por mi, y la fuente fueron ancianos de mi Habana Cuba.

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